9 sept 2007

Varsovia, la ciudad de los parques



20/7/07 – 23:15

Noche y día largo. Bueno, no acabo de tener suerte con los compañeros de viaje. Solo subir al tren poco después de las nueve de la noche en la estación central de Berlín, he conocido a dos chicos de Dublín con los que pronto he conectado, y prometía ser un viaje interesante. Pero el compartimiento era de seis y parecíamos sardinas. Nada cómodo para establecer conversaciones, y menos cuando ellos tenían las dos de arriba y yo la más inferior, y en medio nos separaban una pareja de polacos que no hablaban nada de inglés. En el último momento ha subido una pelirroja, también polaca, que se ha instalado en la litera junto a la mía. Ella si hablaba inglés, o como mínimo sabía decir “yes” y “no”, que es todo lo que le he sacado de conversación. Y cuando pensaba que como mínimo dormiría tranquilo en el compartimiento de al lado, han organizado una fiesta donde el alcohol era excesivo, y donde los cánticos y las risas han durado casi hasta las seis de la mañana, cuando hemos llegado a Varsovia. O sea que…

Tan solo bajar a la andana un chico muy amable y agradable, uniformado y bien identificado –importante en estos casos-, me ha recogido en la estación y me ha llevado en coche hasta el albergue que ya tenía reservado por internet. Por correo electrónico ya me habían informado de este interesante servicio gratuito. De no ser así, no me hubiese fiado de subir a ningún coche extraño. Cuando uno viaja solo, debe tener siempre los cinco sentidos alerta, pues en cualquier momento te pueden fastidiar el viaje. Pero en esta ocasión, sabiendo que era habitual y a esas horas de la mañana, la verdad es que me ha ido de perlas.

Así, ya instalado y con una ducha, a las 8:00 de la mañana ya estaba paseando por la conocida Calle de los Reyes, viendo como despertaba la ciudad. Las tiendas, bares y restaurantes iban abriendo poco a poco, y era muy agradable pasear sin prisa con la calle casi vacía de gente. El día soleado también acompañaba.

Esta calle de casas restauradas, pintadas en diferentes y alegres colores, y muy ornamentadas te va llevando hasta el centro de la ciudad. De vez en cuando aparecía algún edificio digno de detenerse para observarlo y visitarlo, como la Universidad o la Iglesia de Santa Ana.

Pronto se llega a la plaza del Castillo, con la columna en honor a Sigismund III Vasa en su centro, símbolo de la ciudad y de todo el país. Es la entrada principal al barrio viejo, una joya en muchos sentidos. Esta zona es una metáfora de este pueblo, un gran ejemplo de la forma de ser de sus gentes. Cualquiera que pasee por sus calles, y sobretodo por la Plaza del Mercado, se vería transportado siglos atrás. Aún así, prácticamente todos los edificios tienen poco más de cincuenta años. ¿Cómo puede ser? Esa es la pregunta que se hace uno cuando recibe esa información y mira a su alrededor.

La II Guerra Mundial fue devastadora en esta zona de Varsovia. Los alemanes hicieron pagar muy cara la resistencia de la ciudad y cuando los rusos llegaron para liberarla tampoco tuvieron mucho cuidado. En una de las esquinas de la Plaza del Mercado se puede observar una fotografía del lugar de 1945, con el General Eisenhower y otros soldados paseando sobre una montaña de escombros con ningún edificio en pié. Recuerda que mas de 200.000 personas murieron en los ataques. Cunado uno compara lo que se ve en la fotografía con lo que hoy hay en el mismo lugar, cuesta de creer. La nación polaca fue muy grande. En algún momento de su historia se extendía del Mar Báltico hasta el Mar Negro. Pero una guerra tras otra hizo que el pueblo polaco fuera continuamente perseguido, destruido, expoliado y separado. Aún así, se resistieron siempre a perder su lengua, sus tradiciones, su cultura, y su sentimiento de país. Hoy en día, con la retirada rusa y la caída del comunismo, vuelven a ser una gran nación libre dentro de la Unión Europea. El barrio viejo no es nada más que un nuevo ejemplo de esa lucha histórica de esta gente por superar problemas. Porque fue el pueblo, con mas bien escasa ayuda rusa, quienes con mucho voluntarismo y utilizando antiguas fotografías y sobretodo cuadros pintados siglos atrás, fueron reconstruyendo poco a poco todos los edificios intentando que se parecieran el máximo posible a los originales. Es así como ahora uno puede pasearse por un barrio viejo como nada hubiese sucedido. Querían demostrar que ellos no se habían rendido y que ni un drama así los podría hundir. Y vaya si lo consiguieron.

De esta zona de la ciudad cabe destacar también los restos de la muralla, las vistas sobre el río, y la casa natal de Marya Saloméa Skłodowska Boguska. La mayoría, igual que hice yo, os debéis estar preguntando quien era esta mujer. Allí nació el 7 de noviembre de 1867 en plena ocupación de la Rusia zarista la mundialmente conocida con el nombre de Marie Curie, premiada con el Premio Nobel de Física en 1903.

Ya por la tarde he ido al sur de la ciudad. Me habían dicho que allí se encontraban los más bonitos parques renacentistas de Europa, y eso se tenía que comprobar. El primero en mi trayecto, a cinco minutos a pié des de mi alojamiento, era el de Ujazdowski. Tan solo entrar salude a un par de ancianas que había en un banco y cual fue mi sorpresa al comprobar que una de ellas me contesto en español. Resultó ser una profesora jubilada que hablada diferentes idiomas, entre ellos el nuestro. En uno de esos momentos en que uno se sorprende de las casualidades, resulto que su hija trabajaba en la comarca de Osona, a poco más de media hora de mi casa. Quién sabe, quizá algún día lleguemos a reencontrarnos. Me dijo que ese parque era bonito, pero nada comparable con el de Lazienki. Y tenía razón, era un parque con un estanque artificial, riachuelos, puentes, algunos patos, y muchas flores. Pero vaya, nada del otro mundo. Así que salí del recinto y cruce la autopista de Armil Ludowej, un auténtico atentado contra la naturaleza que hoy separa los dos parques que antes eran solo uno. Justo al otro lado, empecé a perderme (en este caso literalmente) por Lazienki. Un autentico bosque urbano con una gran diversidad de lora y fauna. Los pavos reales y las ardillas no dudaban un solo momento en acercarse a la gente en busca de comida, cogiéndola incluso de la mano si se les ofrecía. Repleto de pequeñas esculturas, fuentes, jardines, y sorprendentes rincones que aparecían en cualquier lugar. Y de pronto, empezaron a aparecer palacios, mansiones y algún pequeño castillo.

Cabe destacar entre estos el llamado Palacio Sobre el Agua, que como su nombre indica se levanta en medio de un estanque artificial en forma de isla. Es el mas majestuoso, pero también podemos encontrar otros como el Belvedere, la vieja Orangerie, el jardín de Chopin. Todos ellos formaban el conjunto de edificios reales que la monarquía utilizaba para pasar las épocas de buen tiempo en las afueras de la ciudad. Uno no puede dejar de pensar como de bien vivían en aquella época los elegidos de la nobleza. Aunque también es verdad que ahora quién los aprovecha y disfruta es el pueblo. Están repletos de gente que pasea, descansa, conversa, lee, escribe, toca o escucha música, hace deporte… Aún así, es tan grande que la sensación de soledad y tranquilidad no es difícil de encontrar. No se si será el mejor de Europa, pero después de esta visita yo me atrevería a decir que uno de los mejores, seguro.

Pero para completar la visita a los parques quedaba el de Wilanow, también con sus famosos palacio y orangerie. Mas de lo mismo, no quiero insistir. Pero si que quiero hacer un inciso aquí. El parque de Wilanow es el más alejado de la ciudad, y se hace necesario media hora de bus urbano para llegar. Éste, cruza los barrios y suburbios periféricos de la misma, permitiendo al viajero contemplar una ciudad muy diferente. Amigos, lejos del centro existe una Varsovia muy diferente. Bloques de arquitectura comunista, grises, inmensos, tristes, todos iguales. Calles y avenidas muy anchas, dejadas, con escaso mobiliario urbano, y también grises y tristes. Es otra ciudad, otro país. Cuando uno ve esto y observa el rostro de la gente que sube y baja al bus o se sienta en cualquier lugar con caras largas y ojos apagados, con la rutina de una durísima vida sin demasiadas comodidades, uno entiende porque la comunidad polaca es siempre importante dentro de la inmigración de cualquier país occidental. En Chicago y Dublín, por poner dos ejemplos, hay mas polacos que habitantes tiene mi ciudad natal, Girona. Ojala la entrada en la Unión Europea ayude a toda esta gente a superar su reciente pasado. No se en otro lugar, pero conociendo ahora la historia de este pueblo, yo estoy convencido de que lo conseguirán.

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