01/08/07 23:40
Y después de dos capitales literalmente monumentales, me venía muy de gusto una nueva parada en el camino para volver a reponer las fuerzas. El lugar escogido fue la orilla del lago de agua dulce más grande de Europa continental: el Lago Balaton.
Y después de dos capitales literalmente monumentales, me venía muy de gusto una nueva parada en el camino para volver a reponer las fuerzas. El lugar escogido fue la orilla del lago de agua dulce más grande de Europa continental: el Lago Balaton.
A las 8:05 de la mañana salía de la estación Keleti de Budapest, y en un par de horas ya podía divisar el lago por la ventana del tren. Ante esa visión pensé que alguien que no supiese donde estaba y estuviese ante esa imagen, la última cosa en que pensaría sería en un lago. Una entrada de mar o fiordo sería lo más obvio. Pero no, el tren coge la orilla sudeste tal como se viene de Budapest, y la va siguiendo durante kilómetros y kilómetros. Cabe decir en este sentido, que el lago es mucho más largo que ancho.No he tardado mucho en llegar a mi destino de hoy: Ballatonlelle. Prácticamente
todos los núcleos urbanos de alrededor del lago llevan Ballaton en su nombre, por tanto, se debe estar muy atento a las estaciones para no apearse en la que no toca, o pasarse de largo. Para definiros como es Ballatonlelle os diré que es como cualquier pueblo turístico de la costa catalana. Muchas segundas residencias y apartamentos. Eso sí, todas de planta baja o en casas unifamiliares, nada de grandes edificios; y ningún gran hotel. Las calles más próximas al lago están llenas de puestos y chiringuitos típicos de playa. Y toda la costa es un inacabable parque de césped, interrumpido por algún puerto, donde la gente toma el sol como en cualquier playa mediterránea.
El agua del lago es mucho más caliente que la de ríos e incluso que la del mar. Supongo que es porque la profundidad no es de más de medio cuerpo hasta que te has alejado un centenar de metros de la costa. Esto permite que la gente más que nadar, pasee, juegue, hable en pie o incluso se siente en las zonas menos profundas. Es curioso ver que comparten espacio sin ningún problema con patos, cisnes y otras aves acuáticas. Ya se han acostumbrado a la presencia de los humanos, y sobretodo a la comida que de vez en cuando estos le proporcionan.Otras personas se dedican a pescar, actividad que he podido comprobar es altamente exitosa, tanto en la modalidad de caña, como con otros utensilios donde la pericia se hace mucho menos imprescindible.

A parte del lago y su belleza natural, de la zona cabe destacar el cultivo de la viña. Ellos dicen que de esta población salen los mejores y más baratos vinos de Hungría. Que queréis que os diga, ni punto de comparación con los del Penedès, Empordà, el Priorat… Eso sí, ir hacia el lago al anochecer para ver la puesta de sol y observar como aparecen las primeras estrellas ha sido un premio que requería estar allí.
Todo el mundo se había marchado, y el silencio se había apoderado de la orilla del lago. La oscuridad se hizo muy intensa en pocos minutos, pues no había iluminación en todo el parque litoral, y las calles y primeras casas quedan a un centenar de metros de distancia. Es en estos momentos, sentado en una piedra al borde del lago, uno se da cuenta de cuanto vale la pena moverse de casa para gozar de lugares y momentos tan especiales.
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