Parte de la gracia de este tipo de viajes está en el espíritu de improvisación con que se viven, y hoy era uno de esos días en que tocaba cambio de planes. Se suponía que debía pasar la jornada esperando hasta la hora de volver a Cracovia, y de allí coger un tren internacional hacia Viena en el cual debía pasar la noche. Pero no ha sido así.

La mañana la he destinado ha pasear por última vez por Zakopane, ver las casas de madera conocidas con el nombre de estilo Zakpane, y gastarme la poca moneda polaca que me quedaba. Ir a cambiarla es perder gran cantidad en comisiones, y teniendo en cuenta que ya se trata de cantidades pequeñas, es mejor invertirla en comida que nos pueda durar unos días, o productos de higiene. Así, también ahorras en restaurantes.
Y a la una del mediodía volvía a subir a un autobús en la estación del día anterior, y también en dirección a Lysa Polana. Pero esta vez, solo para cruzar la frontera por ese punto, y entrar en Eslovaquia. Cruzaría un extremo del Parque Nacional y llegaría hasta la ciudad de Propad. Ha sido una gran idea que me ha permitido ver el otro lado de esta maravilla natural que solo había podido observar des del techo del Mont Rysy. Aunque el entorno del Parque Nacio
nal en la zona de Eslovaquia también se ve explotado turísticamente, no lo es de una forma tan masificada. Al menos de momento, pues en Propad están haciendo grandes esfuerzos por conseguir ser un centro turístico. Las obras de infraestructuras son un primer paso para salir en el mapa, y así, están modernizando la estación de tren, convirtiendo en internacional el aeropuerto y haciendo llegar una autovía des de la capital. Todo para hacer de Propad el núcleo más importante de los Tatras y poder traer al máximo número de gente posible. Tan solo espero que lo sepan hacer sin destruir el tesoro natural que tienen en estos momentos.En Propad he subido n
uevamente a un tren que en cinco horas ha realizado los poco más de 400 kilómetros que lo separaban de Bratislava. No era un tren de alta velocidad, y eso me ha permitido gozar plenamente del paisaje, aprovechando entre otros momentos el de rozar el Parque Nacional de Mala Fatra. Cerca quedaba también el Parque Nacional de Slovensky Raj, dicen que el más bonito del país. Lo que si que puedo aseguraros es que la naturaleza me llamaba por las ventanas, y ni he hecho caso de los que
viajaban en mi compartimiento. A ratos seguíamos el río Vah que dejaba imágenes muy encantadoras, sobretodo en las zonas de embalses y presas donde se convertía en bellísimos lagos artificiales. Y de fondo, también alguno de los famosos castillos medievales que en tan buen estado se conservan. El más conocido, a pie de vía, bien encaramado en lo alto de su cima des de tiempos de los romanos, el de la ciudad de Trencin.
He tenido tiempo también para observar incrédulo centenares de conejos en los campos alrededor de la vía del tren. No había pensado nunca que un animal tan habitual en mi región me llamaría tanto la atención. Pero es que no había visto nunca tantos en estado salvaje, pues los podría contar por cientos. Y aunque a mi me ha hecho cierta gracia, no se por que me parece que para los habitantes de la región, sino lo son ya, pronto serán un problema.Y finalmente, cuando ya se había hecho de noche, he llegado a la capital, con el tiempo justo de llegar al albergue antes de que quitaran las calles.
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